Irosun Meyi es el quinto de los dieciséis Odus mayores en el orden de antigüedad que registra Abímbọ́lá (p. 29). El Tratado Enciclopédico de Ifá abre su entrada admitiendo poco: se sabe poco de los trabajos que hizo en el cielo. Pero lo poco que se sabe es decisivo. En el cielo tenía otro nombre, el del hombre capaz de alterar el curso de la muerte, y fue en una fiesta llena de gorros donde esa capacidad se dejó ver.
Este Estudio recuenta tres patakís de la entrada (pp. 3207–3211 y 3234–3235 del PDF) que hablan de una sola cosa: ver. Irosun Meyi es el Odu que ve lo escondido, la cana debajo del gorro, la muerte que no ocurrió, la enfermedad que no existe. Y es también el Odu que explica por qué ninguno de nosotros recuerda lo que pidió antes de nacer, porque la marca de esa pérdida quedó en un lugar que los ojos no alcanzan.
En medio del camino hay una carrera por el cielo, una perseguidora que no se deja sobornar y un pulgar extendido. Lo que hace es lo que todavía llevamos en la espalda.
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