Los patakines: la cabeza que era una divinidad

Tres historias de la mayor entrada del Tratado: la coronación del Orí, el banquete imposible y el cuerpo que se cansó.

La cabeza coronada en el santuario

El patakí que abre la entrada de Baba Ejiogbe en el Tratado (pp. 558–559) dice que, al principio, las divinidades no tenían cabeza — porque la cabeza, el Orí, era una divinidad propia, que rodaba por el mundo. Orunmila, queriendo una fisonomía completa, recibió del awo Amure una instrucción extraña: sacrificar cuatro nueces de kola y guardarlas sin partirlas. Las nueces desafiaron al cielo entero — divinidad tras divinidad intentó partirlas y falló. El Orí fue el único que no lo intentó: no iba a partir lo que ni siquiera podía comprarse. Fue rodando hasta la casa de Orunmila — que salió a su encuentro, lo cargó hacia adentro, lo lavó y le ofreció las nueces, que eran suyas desde el principio. El Orí las partió con un estruendo oído en todo el cielo, y los miembros del cuerpo lo levantaron sobre sí: allí fue coronado rey del cuerpo. Es por haber hecho en el cielo el sacrificio de esa coronación que Ejiogbe es la divinidad patrona del Orí (p. 559).

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