Babalawo e iyalorixá: dos sacerdocios, no una pareja

Hay una frase que aparece a menudo cuando se habla de religión yoruba: "el babalawo es el sacerdote, y la iyalorixá es la sacerdotisa". Suena generosa, como si los dos títulos fueran el masculino y el femenino de un mismo cargo. Las fuentes que usamos dicen otra cosa. Son dos sacerdocios, con divinidades distintas, instrumentos distintos, formación distinta y reglas distintas sobre quién puede ejercerlos. Este texto los pone uno al lado del otro, con página, en la Bahía que estudió Roger Bastide, en la tierra yoruba que describió William Bascom y en La Habana de David H. Brown.
Lo que dicen los nombres
El diccionario yoruba-portugués de José Beniste define bàbáláwo como sacerdote de Ifá, con la traducción literal de "el que conoce los misterios ocultos" (Beniste, Dicionário Yorubá-Português, p. 148). En la misma página está bàbálórìṣà, sacerdote del culto a las divinidades llamadas Orishas. E ìyálórìṣà aparece como sacerdotisa del culto a los Orishas, literalmente "madre que tiene conocimiento de orisha" (p. 413).
Los nombres ya muestran la división. La contraparte de la iyalorixá es el babalorixá, no el babalawo: los dos primeros sirven a los Orishas; el tercero sirve a Ifá. Bascom registra el sentido corriente de babalawo como "el padre tiene secretos", y dice que a los adivinos de Ifá también se les llama simplemente awo, secreto o misterio (Bascom, Ifa Divination, p. 81).
El babalawo: el sacerdote de Ifá
Bascom escribe sobre los adivinos de Ifá en la tierra yoruba a partir de trabajo de campo en Ife, Igana y Meko. Registra que solo los hombres pueden llegar a ser babalawo; que los babalawo son también los sacerdotes de Ifá y atienden tanto a los devotos de Ifá como a quienes rinden culto a otras divinidades; y que todos pasan por dos iniciaciones costosas, en las que reciben dos juegos de dieciséis nueces de palma. El aprendizaje de la adivinación suele empezar antes de la primera ceremonia y sigue después, hasta que el maestro libera al alumno para trabajar por su cuenta (Bascom, Ifa Divination, p. 81). En la misma página, Bascom anota que las mujeres que rinden culto a Ifá pueden quedar encargadas de cuidar las nueces de su padre, pero nunca llegan a ser babalawo.
En Bahía, Bastide encuentra el mismo rasgo. Como sacerdote de Ifá, dice, el babalaô (es la grafía que usa) es el único con derecho a tocar el opelê y las nueces de palma (Bastide, O Candomblé da Bahia, p. 141). Para usar la cadena de Ifá hace falta una iniciación y un aprendizaje especiales, y ese instrumento es privilegio de los babalaô y de nadie más (p. 145). Bastide describe también su modo de trabajar: el babalaô actúa en cuartos cerrados, sin tambor, sin canto y sin danza, rodeado de pocas personas (p. 135). Es un oficio discreto, lo que ayuda a explicar por qué aparece tan poco en las descripciones del candomblé.
La iyalorixá: la sacerdotisa de los Orishas
Bastide describe así la cima de la jerarquía de un terreiro: por encima de todos está el babalorixá, el pai de santo, si la casa la dirige un hombre, o la ialorixá, la mãe de santo, si la dirige una mujer. Es el jefe del culto: prepara los objetos sagrados, dirige las fiestas, identifica a las divinidades que se manifiestan, controla los sacrificios y las iniciaciones y consulta los obi, a veces también los caracoles, para conocer la voluntad de los Orishas (Bastide, p. 66).
Dos observaciones de Bastide importan para este texto. La primera: en los candomblés de rito yoruba que estudió en Bahía, son las ialorixás las que presiden la vida del terreiro; los babalorixás, aunque más numerosos en la ciudad, predominaban en las casas de nación bantú (p. 67). La segunda: las funciones de la ialorixá son las mismas que las del babalorixá, con una salvedad, la de que ciertos gestos rituales están reservados a los hombres, y por eso ella mantiene a su lado un auxiliar masculino (p. 67).
La formación también es otra. Babalorixá e ialorixá se eligen entre los ebômin, los filhos de santo con al menos siete años de iniciación. Reciben a los Orishas y entran en trance, lo que los separa de otros cargos de la casa. Y el puesto no pasa de padres a hijos: al sucesor lo indican las divinidades, por medio de Ifá, o el sacerdote muerto, que vuelve como Egun siete años después (p. 67). Su prestigio crece con los años de servicio y con el conocimiento de los mitos y de los ritos (p. 68).
Cuatro sacerdocios en Bahía, no uno solo
El punto más fuerte de Bastide está en el capítulo en que ordena lo que llama la estructura del mundo. Los ritos de entrada exigen consultar la cadena de Ifá o los caracoles; la iniciación exige lavar la cabeza con hojas; después de la muerte, el Egun tiene que fijarse en un lugar propio. Todo eso, dice, escapa al babalorixá y a la ialorixá y les corresponde a sacerdotes especiales, que atienden a varios terreiros a la vez (Bastide, p. 77).
Un informante le resumió el esquema: antes de la iniciación hay que consultar a Ifá para saber a qué santo pertenece la persona, y esa es la función del babalaô; quien "hace" a la filha de santo es el babalorixá; quien recoge las hojas es el babalosaim; y quien pide permiso a los antepasados es el babaogê (p. 137). Bastide concluye que, desde el punto de vista funcional, en Bahía hay cuatro sacerdocios: babalorixá o ialorixá, para el culto de los Orishas; babalaô, para el culto de Ifá; babalosaim, para el de Osain; y babaogê, para el de los Eguns (p. 138).
Leída así, la pregunta "¿quién es más importante?" pierde sentido. Cada uno preside una parte del mundo, y el terreiro depende de más de uno de ellos.
El babalaô casi desapareció de Bahía. Lo que eso no quiere decir
Bastide registra también una disputa. En África, dice, los babalaô ocupan el primer lugar entre los sacerdotes; en Bahía perdieron ese lugar ante la opinión pública, y hubo una verdadera guerra entre babalorixás y babalaô por el estatus más alto, que la historia resolvió a favor de los primeros (Bastide, pp. 134–135). Los babalaô que entrevistó todavía se consideraban superiores, porque atendían a varios candomblés, mientras que el babalorixá se ocupaba de uno solo (p. 136).
Pero Bastide insiste en una lectura más precisa: lo que ocurrió no fue que un sacerdote venciera al otro, sino que una forma de adivinación ocupó el lugar de otra. En su fórmula, "el caracol venció a la cadena de Ifá" (p. 135). Por eso, en el Brasil de hoy, el sistema que se ve en los terreiros es el dilogún, y no el opelê. Ya explicamos la diferencia entre los instrumentos en Opele, ikin y caracoles: tres herramientas.
¿Y la mujer en Ifá?
Las fuentes que tenemos tratan el asunto de tres maneras.
En Bahía, Bastide describe a la apetebí: cada babalaô tiene cerca de sí a una mujer hija de Oshun, que puede tirar los caracoles. Insiste en que es una sacerdotisa, una especie de babalaô femenino, y no la esposa del babalaô (Bastide, p. 142). En una nota, discrepa de Edison Carneiro, que había citado mujeres babalaô en Bahía: para Bastide, el puesto es exclusivamente masculino, y los nombres que dio Carneiro eran de apetebís (p. 142, nota 13). También reconta un mito recogido en Bahía que explica por qué las hijas de Oshun pueden tirar los caracoles: Oshun, la apetebí de Ifá, insistió hasta que él preparó dieciséis nueces de palma y pidió a Elegba que respondiera por medio de ellas a sus preguntas, y Elegba aceptó de mala gana (pp. 141–142).
En Cuba, Brown registra que las mujeres que reciben la Mano de Orula (kofá o ikofafún) quedan autorizadas para actuar como apetebí, las asistentes de Orula y del tambor Añá (Brown, Santería Enthroned, p. 357, nota 8).
Y Bascom, en su libro sobre los dieciséis caracoles, compara los dos sistemas yoruba: en Ifá, los adivinos son babalawo y tienen que ser hombres; en el sistema de caracoles del sacerdote que estudió, los adivinos pueden ser hombres o mujeres (Bascom, Sixteen Cowries, p. 21). Según los mitos que registra, la adivinación con caracoles la introdujo Oshun, que la aprendió de Orunmila (p. 18); en la versión que contó el sacerdote que estudió, Oshun no dejó en paz a Orunmila hasta aprender, y fue de ella de quien los demás aprendieron a adivinar (p. 20).
Las obras que usamos no tratan de un título para la mujer iniciada en el propio Ifá. No tenemos fuente sobre ese tema y no lo vamos a tratar aquí.
En La Habana: dos reglas y un tercer personaje
Brown describe la reconstrucción de la religión lucumí en Cuba como la construcción de dos "reglas": la Regla de Ocha, el panteón de los Orishas y sus sacerdotes, y la Regla de Ifá, de Orunmila y los babalawos, con lazos más o menos fuertes entre ellas (Brown, p. 143). Y añade un personaje que la Bahía de Bastide no tenía con ese nombre: el oriaté, maestro de ceremonias de la Ocha y adivino del dilogún, que, según Brown, no tiene un antecedente africano preciso (p. 150). Muchas tareas de la iniciación fueron durante mucho tiempo compartidas y disputadas entre babalawos, padrinos y madrinas de Ocha y oriatés hombres y mujeres; varias de las primeras oriatés de La Habana fueron mujeres (p. 151).
Brown muestra que, en el siglo XX, las casas cubanas se repartieron entre dos polos. En una casa centrada en Ifá, el babalawo es el padrino principal, y la persona recibe de él los Guerreros y la Mano de Orula. En una casa centrada en la Ocha, quien conduce es el oriaté, junto con los padrinos y madrinas, y el babalawo puede no aparecer (pp. 152–153). Los dos lados discrepan incluso sobre quién identifica al Orisha dueño de la cabeza: las casas centradas en Ifá le dan esa palabra a Ifá; las otras confían en el dilogún (pp. 153–154). Brown señala además que ese debate tiene género: la retórica centrada en Ifá presenta a Orula y a los babalawos como una fraternidad masculina, y a la Ocha como el lado plural, de hombres y mujeres (p. 154).
Para leer sin confundir
- Babalawo es sacerdote de Ifá. En las fuentes que usamos, el puesto es masculino (Bascom, p. 81; Bastide, p. 142).
- Iyalorixá y babalorixá son sacerdotisa y sacerdote de los Orishas, y dirigen una casa (Bastide, pp. 66–67).
- El instrumento de uno es el opelê y los ikin; el de los otros, los obi y los caracoles (Bastide, pp. 66, 141 y 145).
- En la Bahía de Bastide había cuatro sacerdocios, y no dos (p. 138). En Cuba, Brown describe dos reglas y el oriaté entre ellas (pp. 143 y 150).
La relación entre Ifá y el candomblé, vista desde otro ángulo, está en Ifá y Candomblé: diferencias y puntos de contacto. Decir que babalawo e iyalorixá son oficios distintos no le quita nada a ninguno de los dos: solo describe lo que describen las fuentes.
Lo que has leído aquí tiene raíz en los 256 Odus de Ifá — el corpus que estudiamos verso a verso. Léelos como contemplación: la adivinación real pertenece a la mesa de un babalawo consagrado.
Fuentes consultadas
- O Candomblé da Bahia — Roger Bastide, pp. 66–68, 77, 134–138, 141–142, 145
- Ifa Divination — William Bascom, p. 81
- Sixteen Cowries — William Bascom, pp. 18, 20–21
- Santería Enthroned — David H. Brown, pp. 143, 150–154; p. 357, nota 8
- Dicionário Yorubá-Português — José Beniste, pp. 148, 413
Quién escribe
- Pablo de Lima (Awofakan)
- Thaiana de Lima (Ikofá)
Una pareja iniciada en Ifá en el linaje cubano — Regla de Ocha / Ifá.
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